La primera visita comienza con un recorrido por las parcelas para conocer el estado general del cultivo. Revisamos la sintomatología visible, el historial de tratamientos y las condiciones del suelo. Al finalizar, recibes un informe inicial con las observaciones y las prioridades de actuación para las siguientes semanas.
La frecuencia depende del cultivo y de la época del año. En olivar y viñedo, lo habitual es una inspección cada 15 o 20 días durante el periodo de mayor actividad vegetativa. En frutales con riesgo de mosca de la fruta, el seguimiento puede ser semanal. El calendario se ajusta según los datos de campo y las condiciones climáticas.
El plan recoge las especies presentes o potenciales, los umbrales de intervención, las medidas preventivas y las opciones de control biológico o químico permitidas. También incluye recomendaciones sobre poda, riego y fertilización cuando influyen en la sanidad del cultivo. El documento se revisa y actualiza en cada ciclo productivo.
Se seleccionan hojas, ramas o frutos con síntomas representativos y se conservan en bolsas refrigeradas hasta su entrega. Cada muestra se registra con la parcela de origen, la fecha y la sintomatología observada. Los resultados del laboratorio se interpretan junto con el contexto de campo para evitar conclusiones precipitadas.
Conviene tener a mano el historial de tratamientos aplicados, las fechas de riego y abonado, y cualquier observación sobre daños o síntomas que hayas notado. Si dispones de planos de la parcela o registros de cosecha, también ayudan. Con esa información, el diagnóstico inicial es más preciso y el plan de trabajo se ajusta mejor a tu realidad.
Las recomendaciones se entregan por escrito, con el producto o la práctica sugerida, la dosis, el momento de aplicación y las condiciones de seguridad. Si el tratamiento es químico, se verifica que esté autorizado para el cultivo y que respete los plazos de seguridad. También se indica la alternativa biológica cuando existe.
Cronología del servicio
Cada campaña agrícola tiene su propio ritmo. Por eso organizamos el acompañamiento en fases claras, desde la primera visita hasta el informe de cierre, con fechas orientativas y entregables concretos en cada paso.
Primera quincena del mes de contratación. Recorremos el terreno, identificamos las especies cultivadas, el estado fenológico y los antecedentes de tratamientos. Al finalizar la visita recibes un informe de situación con las primeras observaciones y las zonas de riesgo detectadas.
Cada 15 o 21 días según la época del año. Colocamos trampas de feromonas y placas cromáticas, revisamos la evolución de las poblaciones de plagas y registramos los datos en una ficha de campo. Este seguimiento continuo permite anticipar brotes antes de que alcancen el umbral de daño económico.
Cuando aparece una anomalía foliar, radicular o en fruto, tomamos muestras y las enviamos al laboratorio. El plazo de respuesta es de 5 a 10 días hábiles. Con el resultado, elaboramos un dictamen fitosanitario que distingue entre causa biótica, carencia nutricional o daño climático.
Tras cada ciclo de monitoreo, entregamos un plan de actuación con las medidas concretas: productos autorizados, dosis, momento de aplicación y alternativas biológicas cuando procede. El plan se ajusta a la normativa vigente y a las condiciones específicas de tu parcela.
Al final del ciclo productivo, consolidamos todos los registros en un documento de síntesis: evolución de plagas, tratamientos aplicados, resultados obtenidos y recomendaciones para la siguiente temporada. Este informe sirve también como respaldo para certificaciones de producción sostenible.
Procedimiento de trabajo
Recorremos el terreno, identificamos el cultivo, su estado fenológico y las condiciones de riego. Tomamos nota de los antecedentes de plagas y enfermedades de las últimas campañas.
Inspeccionamos hojas, brotes, troncos y frutos. Recogemos muestras de tejido vegetal y de suelo cuando hay sospecha de patógenos de transmisión edáfica. Todo queda registrado con georreferencia.
Las muestras se procesan para identificar el organismo causal: hongos, bacterias, virus o insectos. El informe incluye el nivel de incidencia y la fase de desarrollo de la plaga o enfermedad.
Redactamos un plan con medidas culturales, biológicas y, solo si hace falta, químicas. Cada recomendación se ajusta a la normativa vigente y al calendario del cultivo.
Hacemos visitas periódicas para comprobar la evolución. Si el umbral de daño cambia, ajustamos la estrategia y te avisamos con antelación para que puedas planificar las labores.
Entregamos un documento con los resultados, los costes de cada intervención y las pautas para la próxima campaña. También incluimos sugerencias para la certificación de producción sostenible.