Empezamos con una inspección inicial en tu parcela para conocer el estado sanitario de frutales, olivar o viñedo. Con ese diagnóstico definimos el plan de monitoreo y las medidas de control más adecuadas.
Solicitar visita técnicaCada explotación sigue un recorrido propio, pero el método de trabajo se mantiene: diagnóstico, plan, seguimiento y ajuste. Estas son las etapas que estructuran la temporada.
Recorremos el terreno, identificamos especies, variedades, edad de plantación y antecedentes de tratamientos. Tomamos muestras de suelo, hoja y fruto cuando la sintomatología lo requiere.
Combinamos la observación directa con análisis de laboratorio para confirmar patógenos o plagas. El resultado es un informe con la causa concreta, no una sospecha genérica.
Definimos umbrales de intervención, productos autorizados, momentos de aplicación y medidas preventivas. El plan se adapta al calendario del cultivo y a la normativa vigente.
Realizamos inspecciones programadas durante la campaña, con trampeo y revisión de brotes. Cada visita queda registrada para comparar la evolución y detectar cambios a tiempo.
Si las condiciones cambian, revisamos el plan. Puede implicar adelantar una aplicación, suspender otra o incorporar un control biológico. La decisión siempre se justifica con datos.
Cerramos la temporada con un resumen de incidencias, eficacia de las medidas aplicadas y sugerencias de mejora. También dejamos anotadas las prácticas que conviene mantener o corregir.
Lo que cambia en tu explotación con un seguimiento regular
Las inspecciones periódicas permiten identificar los primeros signos de enfermedad o plaga antes de que el daño sea visible a simple vista.
Cada recomendación se apoya en el monitoreo de campo y en los umbrales de intervención, no en calendarios fijos ni en aplicaciones preventivas.
Al ajustar los tratamientos al momento real de riesgo, reduces el número de pases y el coste asociado a productos innecesarios.
El historial de inspecciones y decisiones queda documentado, un requisito habitual en los procesos de certificación de producción sostenible.
Cada campaña tiene condiciones distintas. El plan se revisa según la climatología, el estado fenológico y la presión real de plagas.
Cada intervención sigue un recorrido definido: primero se reconoce el estado real del cultivo, después se decide el tratamiento y al final se mide el resultado. Así evitamos improvisaciones y mantenemos la trazabilidad de cada recomendación.
Recorremos la parcela, revisamos el historial de manejo y anotamos las condiciones de suelo, riego y variedad. Este primer contacto define el alcance del diagnóstico y los puntos críticos a vigilar.
Tomamos muestras de hojas, frutos o madera con síntomas y las enviamos al laboratorio para confirmar el agente causal. El informe incluye la identificación del organismo y su nivel de presencia en la parcela.
Con los resultados sobre la mesa, elaboramos un plan que combina medidas culturales, control biológico y, solo si hace falta, tratamientos químicos autorizados. Cada acción queda justificada y programada en el calendario del cultivo.
Volvemos al campo en las fechas pactadas para comprobar la evolución. Si la presión de plaga cambia o el clima altera el calendario, ajustamos las recomendaciones y te lo comunicamos con antelación.
Cerramos el ciclo con un documento que resume las intervenciones, los resultados obtenidos y las recomendaciones para la próxima campaña. Este registro sirve también para procesos de certificación de producción sostenible.